|
De los elementos que la tecnología ha aportado al ámbito donde se tratan pacientes en estado crítico, seguramente es el respirador el que más recelo genera en el médico que se acerca al área por primera vez. Probablemente, la razón yace en el hecho de que no existen otros aparatos en los ambientes cotidianos que se le asemejen. La mezcla de mangueras, válvulas y muchas veces circuitos electrónicos no parece ser la combinación ideal para atraer a quien recién comienza. Encima, existe una gran variedad de respiradores, con formatos, tamaños y complejidad dispares, lo cual da muchas veces la sensación de que se trata de unidades de naturaleza totalmente diferentes entre sí.
Tal vez otro motivo que provoca cierta prevención cuando se va a utilizar este tipo de aparato es que reemplaza parcial o totalmente la función ventilatoria del paciente, lo que lo transforma en uno de los actores principales cada vez que se requiere su uso.
Otro factor que genera distancia en los que recién se inician en el tema es la gran cantidad de siglas utilizadas para describir sus distintas formas de funcionamiento. Efectivamente, la terminología que se usa en la asistencia respiratoria mecánica y las siglas a ella asociada suelen resultar confusas y difíciles de manejar, hasta tal punto que varios autores se han dedicado a discutir los términos empleados en esta práctica e incluso a proponer otros nuevos que faciliten su comprensión.
Sea por las razones expuestas o por otras, lo cierto es que los respiradores suelen aparecer a los ojos de los recién iniciados en el tema como "cosa de expertos" (o sea, de aquellas personas que no son de la ciudad...).
Las funciones básicas de un respirador pueden dividirse de la siguiente manera:
Considerando el tipo de aplicación, los respiradores se pueden clasificar de la siguiente manera:
Según su evolución histórica, los respiradores se pueden clasificarse en:
|