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Existen, sin embargo, algunos que incorporan presión de soporte y MMV como instrumentos que facilitan al paciente la recuperación de su respiración espontánea luego del proceso anestésico.
Este grupo de respiradores se presenta como alternativa a los tradicionales. Si bien durante las últimas décadas se han realizado gran cantidad de estudios aplicando este tipo de unidades, que generan inspiraciones de muy bajo volumen a frecuencias muy superiores a las normales (hasta 3000 ciclos por minuto), su utilización se mantiene en la actualidad limitada a algunos casos particulares en los que sí ha demostrado tener ventajas respecto de la ventilación convencional.
Los equipos para uso en el hogar se asemejan a los utilizados en transportes prolongados, pero son más sencillos dado que se emplean sin la presencia continua de un operador adiestrado. No incluyen sistemas internos para enriquecimiento de oxígeno y, en caso de requerirse el aporte adicional de este gas, se incorpora mediante fuentes de baja presión que se conectan a la unidad a través de sistemas de reservorio donde se realiza la mezcla con el aire.
En la fotografía de la izquierda se puede observar un moderno respirador que se utiliza en las áreas de cuidado crítico pediátricas y para adultos. Es el modelo 7200ae de la empresa Puritan Bennett. Este ventilador tiene todas sus funciones controladas por microprocesador y muestra los distintos parámetros a través de una pantalla adosada al mismo. Además posee interfase RS-232C para comunicarse con otros dispositivos. Se le pueden agregar módulos opcionales que incrementan las, de por sí numerosas, características de este equipo.
Todos los equipos citados anteriormente pertenecen a un grupo de respiradores denominado de IPPV (Intermitent Positive Pressure Ventilation). Es decir, aquellos que generan presión positiva en forma intermitente en la vía aérea (durante la inspiración). Existen también equipos que aplican una presión negativa extratorácica.
Cuando se trata de personas que han perdido la capacidad de utilizar sus músculos respiratorios, tal como sucede con ciertas víctinas de la poliomelitis, lo más que se puede hacer es mantener su respiración, aun cuando no podamos devolverles la movilidad. Por esto, el primer respirador artificial, el pulmón de acero, era una máquina bastante grande, dentro de la cual tenía que permanecer el paciente períodos de tiempo con frecuencia bastante largos.
El tipo primitivo era, en esencia, una especie de ataúd en el que se colocaba al paciente, de tal forma que su cabeza salía por un extremo a través de un cuello herméticamente cerrado. Entonces, la función de la musculatura respiratoria era estimulada mediante alteraciones de la presión dentro de la caja. Al reducir la presión se hacía que el tórax del paciente se expandiese, succionando de esta forma el aire a través de la nariz y la boca. Al elevar la presión hasta el nivel atmosférico, el tórax se comprimía expulsando el aire de nuevo.
Muchas personas han permanecido vivas dentro de respiradores de este tipo a lo largo de muchos años y se consiguieron fabricar modelos que les permitiesen un cierto grado de movilidad: Corazas, ponchos, portalungs. Su principal ventaja es la no invasividad, aunque son más complejos de adaptar al paciente y, según los modelos, provocan disturbios en el sistema circulatorio.
En las últimas cuatro décadas han sucedido importantes cambios en la tecnología de los equipos utilizados para asistir la respiración humana.
En el inicio de los años sesenta los equipos de IPPV tenían como sus principales exponentes a los fabricados por Bird (serie Mark) y Puritan Bennett (modelo PR2). A estos equipos que conformaron lo que podríamos denominar primera generación de respiradores se les conectaron otros dispositivos tales como mezcladores aire-oxígeno, espirómetros de fuelle, alarmas de desconexión y compresores de aire, en un intento por agregar mayores funciones a una tecnología que no alcanzaba a satisfacer las necesidades de los usuarios.
A fines de la década del sesenta aparecieron otros equipos, de tecnología superior, que suelen reconocerse como de segunda generación, cuyo primer y principal exponente fue el ventilador MA-1 de Puritan Bennett. Debido a que estos equipos no conformaban completamente a operadores y fabricantes, la década del setenta transcurrió con estos últimos intentando agregarles nuevas funciones.
Aparecieron entonces unidades que permitían utilizar otros modos ventilatorios, tales como IMV, SIMV y CPAP. Los modelos más utilizados en esa época fueron el Servo 900 de Siemens (Alemania), el modelo 560 de Ohio (Estados Unidos), el modelo 2000 de Engström (Suecia) y los MA-1 y MA-2 de Puritan Bennett (Estados Unidos). Sin embargo, todos los agregados y modificaciones llevados a cabo no permiten describir al conjunto de equipos resultante como una nueva generación tecnológica. De hecho, utilizaban la misma tecnología que las primeras máquinas de su generación y, a todas luces, esta tecnología presentaba importantes limitaciones.
Fue en la década del ochenta en la que se produjo una importante transformación en la tecnología aplicada a los respiradores, y ello trajo aparejado un sorprendente cambio en las técnicas de ventilación y en el monitoreo de los pacientes bajo asistencia respiratoria mecánica. La utilización de microprocesadores, modernas válvulas de provisión de gases y sensores de flujo permitieron este cambio. Quedó determinada de este modo una tercera generación de equipos.
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