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Hasta este momento la técnica de rayos X permitía la visualización en dos dimensiones, con el problema de que unas imágenes se superponían a otras, por lo que se perdía gran parte de la información.
El tomógrafo axial computado de rayos X, nombre completo del aparato, permite observar cortes del cuerpo humano transversales a su eje principal con una resolución de hasta 1 mm, con lo cual hay muy pocas estructuras que quedan fuera de observación utilizando esta técnica.
Desde el primer tomógrafo hasta la fecha, la evolución tecnológica de estos equipos ha sido permanente, al punto de haberse convertido en la actualidad en una herramienta diagnóstica de uso tan cotidiano como los equipos de rayos X convencionales.
Cualquier método, por bueno que sea, presenta algunos inconvenientes. En este caso, el mayor de ellos es que cuantos más cortes se realicen, mayor cantidad de radiación recibe el sujeto. Hay que tener en cuenta que, por ejemplo, para un estudio de la cabeza hace falta un mínimo de 12-14 cortes tomográficos. En estudios de abdomen o tórax el número es mayor.
Presenta asimismo el inconveniente de ser una exploración bastante larga, si exceptuamos la tomografía realizada por los equipos de tercera y cuarta generación.
Frente a ésto presenta una serie de ventajas, como es el que no se escapa prácticamente ningún detalle superior a 1-2 mm, lo cual es fundamental para la localización de procesos expansivos de forma precoz. Permite asimismo determinar tamaños y sobre todo, lo que es más importante, dependiendo de su densidad nos da una aproximación al tipo de tejido que se está estudiando.
Para aumentar la definición de por sí alta, se pueden utilizar de la misma forma que en radiología, distintos medios de contraste, con lo que se obtendrá una imagen mucho más nítida.
Básicamente, el tomógrafo está compuesto por un tubo generador de rayos X y un detector de radiaciones que mide la intensidad del estrecho haz emitido por el tubo de rayos X, luego que atraviesa el objeto en estudio.
Conocida la intensidad emitida y la recibida, se puede calcular la atenuación o porción de energía absorbida, que será proporcional a la densidad atravesada.
Dividiendo el plano a estudiar en una serie de celdas de igual altura que el haz y el resto de las dimensiones elegidas de forma adecuada para completar el plano, la atenuación del haz será la suma de la atenuación de cada celda. Si se consigue calcular la atenuación de cada celda se podrá conocer su densidad y, por tanto, reconstruir un mapa del plano de estudio, asignando a cada densidad un gris de una escala de negro a blanco.
Cómo exploran el cuerpo los distintos tomógrafos para obtener las atenuaciones es lo que da lugar a las generaciones de tomógrafos, desarrolladas en la sección específica.
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